26.12.11

Hamalia y Calisto

-Las nubes, la escarcha, la acera… 

-Cae una sucesión de días que son como losas.

-Y luego todo gira, hace que no deje de dar vueltas, que todos mis sueños sean en blanco y negro. Y cuando creo despertar sigo dormido, las sabanas convertidas en una espiral de tela, el colchón en una fosa, la almohada no está. 

-Y luego el café sabe a agua, en el telediario aguantan la risa y las palomas ya no traen mensajes, el mundo dando vueltas de campana, la Luna sin dejar de menguar. 

-¿Y qué me dices de los saludos dibujados con tiza, del buzón de dientes afilados que no deja de escupir facturas y publicidad vacía? ¿Qué me dices del tintineo de monedas, del traje y corbata que nunca pegan, del paraguas negro, de los polos opuestos?

-¿Y qué hay alrededor? Lodo y perlas, muerte y recursos. Somos un número en una estadística. El mil cien que olvidó quién era, la peor nota de Europa, los quintos en promesas incumplidas.

-¿Y qué hay alrededor? Un bolsillo lleno y nuestra sonrisa tonta, un truco de magia y nuestra devoción, un final feliz y nuestra envidia. Busco con catalejo las costuras al horizonte, busco con lupa las huellas que me marcan el camino a casa

-Si solo se escucha una fuerte discusión, un vendaval que empeora y arrasa una ciudad costera, los girasoles llorando pétalos, las rosas muriendo por combustión espontanea, el Ártico muriéndose de calor

-Y algunos antes de salir de casa dejan el alma sobre la alfombra.

-Otros la olvidaron en un bar. 

-Y la piel, cada día, se vuelve más grisácea.

-Y las gotas de lluvia parecen balas. 

-Pero luego me encuentro con tus ojos. 

-Pero luego mis ojos te encuentran y dejo de escuchar. 

-Olvido que todo huele a pólvora. 

-Que los azulejos están rotos.

-Y te miro.

-Y me miras. 

-Y respiro. 

-Y respiras.

-Y pasan las horas. 

-O los segundos. 

-Y amanece. 

-Y el Sol se desintegra. 

-Y la Tierra nos consume.

12.12.11

Phobos y Deimos

-Deja de buscar. No hay nada. Deja de dar pasos por esta estela de cristales, por estas baldosas de un amarillo descolorido. Deja de buscar los límites del universo, las fronteras de los sueños, el peso de la soledad. Deja de medir, de preguntar. Deja de mirar por la ventana. Deja de arrancarte la piel, de excavar en tu corazón. Abandónalo todo y ve al fondo del océano. Y sustituye tus huesos por coral, tus oídos por caracolas. Abandónalo todo y huye en tren. Y entiérrate en la primera estación dónde nunca ningún viajero haya puesto los pies. Abandónalo todo y olvida mirar atrás, olvida todas las constelaciones, los atascos, las guerras, el dinero, los muebles, el abecedario.

-Deja de buscar. No hay nada. Deja de pensar en ayer, en esa maldición que hace que se repitan los días de la semana. Olvida los fallos y los errores y la tinta invisible con la que los tienes marcados en la piel. Olvida su voz, su tacto, su perfume. Olvida su contorno, sus ideas. Olvida que lo único que querías era perderte en ese destino oscuro que te golpea cada hueso del cuerpo cuando escuchas el sonido de sus tacones. Olvida que una vez aullaste como un lobo al encontrarte con las dos Lunas Llenas que lleva por ojos. Olvida la luz del Sol, los días de lluvia. Lo oscuro que se vuelve el cuarto y como mengua cuando no ves a nadie en órbita. Y esas carcajadas que parecen arañar la pared, esas ortigas, ese veneno, ese continuo vendaval que lo vuelve todo de plástico y muy endeble

-Ya sabes no sueñes.

-Ni pienses.

-No sufras.

-No sigas.

-No sientas.

-Cae.

-Abraza el óxido que propagamos. Nuestra eterna melodía. Y sonreirás como los gatos y treparás como la hiedra. Volarás entre planetas. Lloverá oro y lapislázuli.

-Beberás del mundo hasta saciarte, el amor dejará de ahogar.

-Te convertirás en piedra.

-Y tu corazón será de acero.

-Y tu alma un recuerdo.

-Y reinará tu instinto en kilómetros a la redonda. Enseñarás los colmillos. Saltarás de azotea en azotea.

-Y las dudas serán serrín. Y el dolor un tenue color morado que a veces se grapa a los ojos.

-Y olvidarás tu nombre. Y tu hogar será el infinito. Y tu sombra, un manto negro al que se pegarán las estrellas.

-Y ya no existirás, lo serás todo.

-Así que danos la mano. 

  -Acércate.

-No tengas miedo.

-Ni sientas terror.

17.11.11

Famosos comienzos (Hilo Azul)

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.
Vladimir Nabokov.Lolita

Era ella, diez años de mala suerte cuando me sonreía sin quererlo de verdad. Era ella, su perfume: fuego y pimienta. El murmullo de su voz era cristal, y cada uno de sus deseos estaban prohibidos.

Lolita, la dirección más sencilla para acabar loco o en el infierno. Todos los infartos reunidos al rozar su piel.

Lolita, un laberinto de espejismos, un enigma. La mezcla perfecta entre sueño y pesadillas, entre selva y desierto, entre tormenta y calma.

Lolita, si camina describo órbitas a su alrededor. Si se frena en seco mi corazón estalla, me hago astillas, el tiempo se derrite. Va de aquí para allá sembrando el caos, lanzando dinamita, matándome de celos.

Lolita, que me arrancaría los ojos si pudiera para no verla marchar. Que me deja una herida cada vez que se despide. Que si se enfada sus gritos son tornados que me atrapan y me dejan sin sentido. Que si no tiene lo que quiere lo odia todo.

Lolita, su maquillaje causa cicatrices. Que hasta en ella araña su color de uñas. Sus lágrimas son de purpurina y de alguna sustancia tóxica.

Lolita, que cuando cierro los ojos se cuela en mis parpados como si fuera niebla. Que nunca me escucha, que no para quieta. 

Lolita, que despide un veneno demasiado dulce, que siempre esconde un cuchillo, que nunca dice lo que piensa. Su mirada crea adicción como los fármacos, sus sábanas están hechas de confusión y hielo.

Lolita, que sin ella todo sabe a ceniza, a plomo, a vacio. Que el sol no brilla, que solo sale de su madriguera si cae la noche.

Lolita, que si recuerda se muere de pena, que todo lo distrae por un tiempo limitado.

Lolita, que si te toca jamás encontrarás una salida, una cura milagrosa, algo que no sea una apariencia, algo que no sea de porcelana.

Lolita.

17.10.11

Más allá de la ventana

Se preguntaba qué ocurría allí, dónde las casas, a lo lejos, se difuminaban y parecían esconder sus ventanas entre un mismo color ¿la vida sería igual que aquí, a este lado de la ventana, en esta misma calle, en estas mismas coordenadas?

Pegaba la frente al cristal frío y miraba, durante horas. Observaba a veces la carretera que se extendía sin mostrar su principio y su final, infinita, como le habían enseñado que eran las líneas rectas. Por la carretera pasaban a toda velocidad coches de distintos colores y tamaños. Y aquellos vehículos a su vez eran conducidos por alguien ¿Quiénes serían? ¿Cuáles serían sus problemas y sus dudas? ¿Por qué conducían con tanta prisa?

Lo primero que aprendió fue que nada tenía sentido. Y esa idea se coló en su cabeza como un pequeño insecto, invadiendo su cerebro hasta llegar al punto de no comprender absolutamente nada y al mismo tiempo resignarse a la realidad de todo, a las explicaciones y las enseñanzas, a los modales y a las leyes, a las heridas, el agua oxigenada y los saludos. Aún así, le costaba ocultar la sonrisa cuando miraba por la ventana. Esas farolas que despedían una luz anaranjada ¿qué era aquello? Sin duda, iluminaban, pero más allá de ello ¿cuál era el sentido de una farola anclada sobre un trozo de tierra, perdida en la inmensidad de un universo que no la prestaba atención?

Todo era ridículo y cierto. Y ordenado, como la carretera que miraba. Tenía dos sentidos. Si un conductor decidía conducir por el sentido contrario ese orden desaparecía y se producía el caos. Y con el caos llegaba el desastre. El orden era, a veces, necesario, como ocurría con la carretera.

Mirando la carretera decidió que no le gustaba el caos de los accidentes de tráfico ni el orden de los dos sentidos y de los carriles de la carretera. Decidió que no tendría que haber ni orden ni caos. Simplemente conducir a un destino, por cualquier parte de la carretera, sin colisiones ni atascos. Mil sentidos al mismo tiempo. Más allá del caos, más allá del orden.

Pensaba, si él condujera, ¿a dónde se dirigiría? ¿Cuál sería un destino válido? Se imaginó conduciendo por aquella misma carretera, una rotonda, diferentes caminos y solo uno posible. Él no quería eso, él quería elegirlos todos o no elegir ninguno. Quedarse en la rotonda y ver las variadas posibilidades que se le ofrecían, sin que nada cambiara hasta que se decidiera. Mientras tanto, girar en círculos no estaba tan mal.

Le angustiaban los atascos. Parecían detener el tiempo y estancar la vida, impedían el rotamiento de la Tierra, aglomeraban todo lo absurdo. Volvía el caos. Un caos distinto, colmado de ruido de cláxones y de la tensión del que llega tarde a alguna parte dónde no se le espera. Una espiral donde el corazón no podía hacer otra cosa que latir. Y esperar. Y esperar.

Era difícil escapar del atasco como escapar de la caída cuando ya te has tropezado. Y si le daban a elegir, casi prefería el dolor del impacto que al dolor que produce la vida al desangrarse mediante la pérdida de tiempo que causa la espera.

Sin duda, mirando la carretera no sacaba nada en claro, a fin de cuentas, era consciente del sinsentido de la realidad. Todo tan abstracto y tan conciso, tan tergiversado y simple, tan infinito y efímero. Crudo como un rompecabezas que mata a migrañas y difuso como si solo hubiera niebla alrededor.

23.9.11

Cartas para nadie IX

Universo.
(Del lat. universus).

1. adj. universal.
2. m. mundo (‖ conjunto de todas las cosas creadas).
3. m. Conjunto de individuos o elementos cualesquiera en los cuales se consideran una o más características que se someten a estudio estadístico.

Te escribo otra carta, tal vez sea la carta número mil que nunca llega a su destino. Empiezo a escribirla como si fuera una tormenta eléctrica, pero a medida que la tinta se desangra menguan mis fuerzas, hasta el punto de tan siquiera poder meterla en el sobre, escribir tu dirección, pegar el sello. Es difícil, tan difícil como un puzle de infinitas piezas, y pesado como un planeta cargado a la espalda. Y la estela de los cometas es como la estela de tu perfume, que sigo en sueños, que me llevan a precipicios y a extensos campos de vacío y daño, campos de minas y bosques de sauces mudos. Y me pierdo y me alarmo cuando las nubes tapan momentáneamente el sol, y me falta el oxigeno, y el tiempo para casi todo, salvo para malgastar. Y la música nunca suena como quiero, y mis huesos se quejan y mi piel se seca y se convierte en escamas. Y entre mis sabanas busco tus huellas dactilares pero caigo en madrigueras y en agujeros negros, y aparezco doce horas más tarde en cualquier sitio, mientras la lluvia ácida me consume, y los paraguas tienen cuello y cabeza de flamencos negros, y me miran y me sonríen. Me quedo parado hasta deshacerme del todo, hasta que mis pensamientos se disuelven y no queda ni paciencia, ni dolor, ni amor, ni rabia, ni sueños, ni deseo, ni lágrimas, ni calambres, solo tú, doy vueltas de campana por el desagüe hasta acabar con el paladar roto de esperar que aparezcas descalza. Y si pestañeo crecen en el techo todo tipo de flores e icebergs que tardan en desintegrarse lo que tardo en abrir los ojos de nuevo. Luego, sin motivo me echo a temblar y estallo en serpentinas y en papeles de colores que llevan tu nombre escrito.

A veces amanezco en mitad del océano, otras en mitad del universo. Y siempre eres tú. Tú eres el universo. Tú moldeando mi destino, sumergiéndome en distancia y en quebraderos de cabeza. Años luz y fuego, tinta y espirales marcadas a fuego que dibujan mi nostalgia. Buceo entre los rayos de sol que te rozan al pasar y naufrago, me aisló en tus pupilas y no despego hasta que atardece, prometo volver si el temporal amaina pero entonces tú ya me despistas y te escapas. Vuelvo a introducirme por cualquier grieta y vuelo en círculos al acecho de mis propios restos. Vuelvo a diluirme en tinta y caigo en este papel amarillento y doblado, que no tiene ni fecha ni destino, vuelvo a describirte, vuelvo a maldecir, vuelvo a olvidarme de que existe la galaxia. Pero tú sigues siendo el universo, rodeándome, quitándome las fuerzas, convirtiéndome más y más en satélite de hielo y polvo.