12.6.12

Solo una luz encendida


Solo una luz encendida,
segundos cayendo
como cae la lluvia.
Mi paraguas con goteras,
mis huesos
calados
hasta
los huesos.
Me saluda el invierno
con un gesto de cabeza,
miro atrás,
pero ya no está la primavera,
ni siquiera
ayer está.
lejanía tormentosa que entierra
una mueca y una lección,
una herida.

Solo una luz encendida,
el griterío de la calle
olvidándose de callar.
me pueden las ganas
de mirar
por tu ventana,
de calmar mi sed
y mi fiebre.
Quiero morder,
ensañarme con el presente,
que amenaza
siempre con desaparecer.
vuelvo a perder,
a perderme,
por este laberinto,
ahogándome con cada despedida.

Solo una luz encendida,
y mi tinta
queriendo tatuarse en tu piel.
El tiempo no cura a mis costillas
rotas de dar
alma y corazón
a todo lo efímero
que encuentro.
El viento no amaina,
cotidiano murmullo,
residual rutina,
la misma tos,
la misma voz rota en trozos,
ni loco ni cuerdo,
solo confuso,
sin entender el mundo
ni la vida.

Solo una luz encendida.

24.5.12

Dime tú qué es


No sé si es noche o una 
triste
marea baja, la que 
tiñe de brisa 
tenue, 
esta ajada alma 
de versos áridos

No sé si prende 
o arde, 
esta hoguera de cristales 
de colores.
Báñame en gasolina o en 
tequila, 
abrázame con tus brazos 
de cerillas
con tu lengua de mechero, 
con tu corazón de antorcha. 

No sé si es lluvia o
la misma eterna 
tormenta 
de a diario
que revolotea por el techo 
de mi cuarto, 
con su penumbra opaca 
con su luz herida.

2.5.12

Atlas y Asteria

-Los rostros, la duda. Algo cae. No sé qué es, pero algo cae. Lo escucho caer. Y se rompe. Suena a cristal, o a porcelana. No me decido a abrir los ojos, no me decido a escuchar. Suenan las voces, y todas dicen lo mismo. O por lo menos suenan igual. Pero no escucho, sigo hacia delante con los ojos cerrados, no quiero escuchar, no quiero obedecer, no quiero hacer nada. Sólo seguir hacia delante, y caer, si es necesario, caer, como aquello que cae y que no sé qué es. 

-No caigas, escucha. Mírame a los ojos. No supliques, sólo retrocede. El camino es pedregoso, lleno de obstáculos. ¿Qué importa el dolor momentáneo frente al dolor eterno? No lo entiendes, ¡responde!, solo tienes que abrir los ojos. Sé que me oyes. Sé que me oyes…

-La Luna, el mar. Alguien habla, pero no sé qué dice. Tal vez me hable de dar la vuelta, tal vez lo haga sobre ir hacía ese precipicio. Qué sé yo, en realidad no sé nada. No quiero saber nada. Quiero seguir así. Con viento y días soleados, con tiempo cayendo de mi bolsillo, con días largos, con mañanas y tardes, con monotonía hasta en el menú, con aburrimiento y sueños pospuestos para un tiempo más preciso. Con mis manías, con mis debilidades. No quiero escuchar, no quiero hacer caso.

-Escucha, no sigas. ¿No ves qué duele? ¿No ves qué no sirve? El tiempo apremia, te enreda, se te enrosca alrededor del cuello. ¿Acaso no lo notas? Yo lo veo, y me parte el alma. Te destroza, no lo sabes, pero te destroza. Estas a tiempo, escucha. Que el amanecer trae consigo una mala noticia. Y otra buena. Igual que el atardecer. Que el reloj se ríe, y el calendario pasa y pasa revolviendo las sábanas cada semana. ¿No te das cuenta? Reacciona.

-¿Qué hora es?, qué sé yo. No siento el reloj salvo cuando la pérdida de tiempo escuece. Pero parece que hay tanto. Parece que no se acaba. Y yo quiero tiempo, tiempo para no hacer nada. Para mis garabatos y para mis chapurreos de tinta. Tiempo para pensar en el tiempo pasado, y en el que está por transcurrir. Tiempo para vender por nada. Tiempo para ahogarme en sollozos. Tiempo para arrepentirme, tiempo para seguir soñando, esperando un nuevo día. No sé si será mañana, pero espero un nuevo día.

-Piénsalo bien, date cuenta. La marea baja y sube, y llega hasta tus pies. Las palomas mensajeras te gritan al oído, y las espantas de un manotazo. Todo ese musgo no sirve de nada, todas esas primaveras, ese sálvese quién pueda, esa locura. No es nada nuevo. Esa incomunicación, ese continúo dramatismo. Salta Salta. Mañana el Sol sale como nuevo. Mañana la vida pasa como siempre. ¿Y tú qué? Pregunto. Deja ese camino de locos, vuelve al sendero. 

-Las paredes, el techo. Alguien habla de un camino. Esta carretera no lleva a ningún sitio. Es madrugada y el frío acecha, los recuerdos congelan, como tu boca. Tu boca me absorbe, me detiene, me reanima. Pero no está cerca. Está terriblemente lejos. A once mil puñaladas de distancia. ¿Qué camino me queda por recorrer? El dolor ya lo he sentido, el placer también. ¿Existen los atajos? ¿Cuál es la vereda? Esto está lleno de obstáculos que aparecen sin llamarlos y lo cambian todo. Cuántas veces me he arrancado la piel. Cuántas veces me he sacado los ojos. Ya no cuento el daño, sólo los ratos a solas. Y la cuenta es larga. ¿Por dónde ir cuando no hay caminos seguros? ¿por dónde ir cuándo no existen mapas ni guías? No, no escucho, sólo finjo pero sigo recto hasta estallar en fuego. No es tan malo si lo piensas. O mejor no lo pienses, yo no lo hago.

26.12.11

Hamalia y Calisto

-Las nubes, la escarcha, la acera… 

-Cae una sucesión de días que son como losas.

-Y luego todo gira, hace que no deje de dar vueltas, que todos mis sueños sean en blanco y negro. Y cuando creo despertar sigo dormido, las sabanas convertidas en una espiral de tela, el colchón en una fosa, la almohada no está. 

-Y luego el café sabe a agua, en el telediario aguantan la risa y las palomas ya no traen mensajes, el mundo dando vueltas de campana, la Luna sin dejar de menguar. 

-¿Y qué me dices de los saludos dibujados con tiza, del buzón de dientes afilados que no deja de escupir facturas y publicidad vacía? ¿Qué me dices del tintineo de monedas, del traje y corbata que nunca pegan, del paraguas negro, de los polos opuestos?

-¿Y qué hay alrededor? Lodo y perlas, muerte y recursos. Somos un número en una estadística. El mil cien que olvidó quién era, la peor nota de Europa, los quintos en promesas incumplidas.

-¿Y qué hay alrededor? Un bolsillo lleno y nuestra sonrisa tonta, un truco de magia y nuestra devoción, un final feliz y nuestra envidia. Busco con catalejo las costuras al horizonte, busco con lupa las huellas que me marcan el camino a casa

-Si solo se escucha una fuerte discusión, un vendaval que empeora y arrasa una ciudad costera, los girasoles llorando pétalos, las rosas muriendo por combustión espontanea, el Ártico muriéndose de calor

-Y algunos antes de salir de casa dejan el alma sobre la alfombra.

-Otros la olvidaron en un bar. 

-Y la piel, cada día, se vuelve más grisácea.

-Y las gotas de lluvia parecen balas. 

-Pero luego me encuentro con tus ojos. 

-Pero luego mis ojos te encuentran y dejo de escuchar. 

-Olvido que todo huele a pólvora. 

-Que los azulejos están rotos.

-Y te miro.

-Y me miras. 

-Y respiro. 

-Y respiras.

-Y pasan las horas. 

-O los segundos. 

-Y amanece. 

-Y el Sol se desintegra. 

-Y la Tierra nos consume.

12.12.11

Phobos y Deimos

-Deja de buscar. No hay nada. Deja de dar pasos por esta estela de cristales, por estas baldosas de un amarillo descolorido. Deja de buscar los límites del universo, las fronteras de los sueños, el peso de la soledad. Deja de medir, de preguntar. Deja de mirar por la ventana. Deja de arrancarte la piel, de excavar en tu corazón. Abandónalo todo y ve al fondo del océano. Y sustituye tus huesos por coral, tus oídos por caracolas. Abandónalo todo y huye en tren. Y entiérrate en la primera estación dónde nunca ningún viajero haya puesto los pies. Abandónalo todo y olvida mirar atrás, olvida todas las constelaciones, los atascos, las guerras, el dinero, los muebles, el abecedario.

-Deja de buscar. No hay nada. Deja de pensar en ayer, en esa maldición que hace que se repitan los días de la semana. Olvida los fallos y los errores y la tinta invisible con la que los tienes marcados en la piel. Olvida su voz, su tacto, su perfume. Olvida su contorno, sus ideas. Olvida que lo único que querías era perderte en ese destino oscuro que te golpea cada hueso del cuerpo cuando escuchas el sonido de sus tacones. Olvida que una vez aullaste como un lobo al encontrarte con las dos Lunas Llenas que lleva por ojos. Olvida la luz del Sol, los días de lluvia. Lo oscuro que se vuelve el cuarto y como mengua cuando no ves a nadie en órbita. Y esas carcajadas que parecen arañar la pared, esas ortigas, ese veneno, ese continuo vendaval que lo vuelve todo de plástico y muy endeble

-Ya sabes no sueñes.

-Ni pienses.

-No sufras.

-No sigas.

-No sientas.

-Cae.

-Abraza el óxido que propagamos. Nuestra eterna melodía. Y sonreirás como los gatos y treparás como la hiedra. Volarás entre planetas. Lloverá oro y lapislázuli.

-Beberás del mundo hasta saciarte, el amor dejará de ahogar.

-Te convertirás en piedra.

-Y tu corazón será de acero.

-Y tu alma un recuerdo.

-Y reinará tu instinto en kilómetros a la redonda. Enseñarás los colmillos. Saltarás de azotea en azotea.

-Y las dudas serán serrín. Y el dolor un tenue color morado que a veces se grapa a los ojos.

-Y olvidarás tu nombre. Y tu hogar será el infinito. Y tu sombra, un manto negro al que se pegarán las estrellas.

-Y ya no existirás, lo serás todo.

-Así que danos la mano. 

  -Acércate.

-No tengas miedo.

-Ni sientas terror.