19.9.12

La voz es de otros, las manos las mismas



No sé cómo decir
ni cuáles son
las palabras correctas.
Te extraño como extraño
la tormenta
y el frío punzante en el paladar,
como extraño la calma,
y la mecha del explosivo.

Saben agrías las mañanas y
la cabeza se llena de cremalleras
que abro y salen los colores,
Y el zumbido y las serpentinas
y las risas.
Tu nombre son los clavos
que atraviesan mis manos
y la lengua.
Y no ando más perdido
que cuando atravieso el camino
nebuloso
que nos añade distancia.

Se encaraman al balcón
los que se han cansado de apagar
la mirada,
y dicen en voz alta: Realidad
ojala saltes tú también por la ventana.
Se derriten los corazones
que tienen forma de luna menguante,
y la llamarada pierde su calor.
se pinta de inmensidad los ojos
que hierven cuando le da por llorar,
la madrugada viene embotellada
y sabe a su perfume.
La cicatriz que dejan sus labios
aparece y desaparece sin parar.
Los años luz, los parpadeos,
y el camino a casa con la
cabeza convertida en una pecera
donde los peces se mueren de sed.

Las farolas son la única luz
y se apaga mi rugido
con la densa humareda
que traen mis fallos.
Dejo libres a los pájaros
que habitan en mí
y que han perdido el norte,
un poco más vacío
pero no más ligero.

18.9.12

Los metros de caída libre



No hay espacio
para la                  luz.
Se hace endeble el camino
que lleva al mismo punto
de partida,
y en el que solo hay que dar
un paso.
Al viento le da por causar oleaje
entre las briznas de hierba.
Y si te da por reír
no escucho nada            más.
Al dragón le devora el fuego
y al gato le disuelven las sombras.

No hay espacio
y caen las            gotas
de lluvia.
Pequeñas pinceladas de color
que combaten a las de lejía.
Las miradas encendidas
como flechas incendiarias.
Deshacemos el mundo a jirones,
la espalda a arañazos,
desplegándose ante nosotros el crimen
de que el tiempo huya despacio
pero sin detenerse y sin
mirar                     atrás.
No dejo de sacar serpientes de cascabel
del corazón y musarañas
de la cabeza.
Barcos que se ahogan en la indecisión
de no saber calcular
los metros de caída libre.

16.9.12

Los animales que hay en ti



Noto en las mejillas los arañazos
fríos y en la ropa los abrazos del viento.
Los aullidos de los lobos
se han roto como
los platos de porcelana y
no encuentro la salida al rompecabezas.
Cierto fuego hay hundido en las pupilas
si tu recuerdo se entrelaza con mis latidos
el ruido se hace ensordecedor.

Los animales que hay en ti
brotan de tu pecho
y corretean entre las sombras.
Los animales que hay en ti
saltando por todas partes.
Los flamencos deshaciéndose
en pétalos
rosáceos y los gatos convirtiéndose
en piedra.
No hay espacio entre sueño y sueño
cuando los ciervos huyen
por los bosques y bloquean
en su estampida los senderos.
Cae la lluvia de las nubes que se cuelan por las grietas,
gotas frías que destrozan
los barcos de papel,
y yo sigo con hambre.
Bordea tu nombre la circunferencia
del vaso de cristal
donde la cerveza tiembla.
Temo caer otra vez,
no hay más que pantanos,
y tu boca llena de cocodrilos
que lanzan mordiscos si me acerco.
No hay espacio entre los muros,
la música se agolpa y
las palabras se atragantan.

Es feroz la lucha que evita
que me quede dormido.
Los animales que hay en ti
han dejado sin losas el camino
y han robado el aire
y la madera.
Como si me cubriera una manta de tiburones,
nunca se descansa,
el hilo aprieta y los dientes se clavan,
dejas tras tu paso el sistema
eléctrico desbordado y la
sensación de que hay alguna herida
en alguna parte
 de mi piel.

15.9.12

Las verás volar en círculos II

Las verás volar en círculos
y ya habrán abandonado
la tierra,
dejando tras de sí
la esencia del recuerdo
de algo que fue.
Los huesos reluciendo al sol
de la metáfora que siempre vuelve,
del pasado que ocultan
las libélulas,
de los secretos que profanaron
las bocas
y tiñeron los labios de rojo.

Las verás volar en círculos
y no están saciadas.
Buscan desbordarse de delirio
con la carne de nuestras fuerzas,
las fuerzas de saltar al campo
de guerra los lunes,
de encajar los golpes
que produce
el movimiento seseante de las olas.

Las verás volar en círculos y ellas
te verán a ti
corriendo a tu escondrijo
en busca del antídoto contra
el quebradero de cabeza de la falta de luz,
del dolor de muelas de mascar decisiones.
Te verán entre la maleza
tragando a bocanadas la duda
y los celos
de que el sol no siempre ilumine.

14.9.12

Las verás volar en círculos



No dejan carne
en los huesos las
aves carroñeras.
No dejan carne en los huesos
despegando limpiamente
la ilusión de la materia,
el misterio del doble fondo,
la magia de las chisteras.

No dejan carne en los
huesos las aves carroñeras.
No dejan carne
en los huesos
picoteando la razón
de la luz de las ideas,
el aroma del perfume ubicado
casi al lado de la nuca,
las frutas de la ira de los
extensos campos de cultivo
de mi olvido.

No dejan carne
en los huesos las aves carroñeras.
No dejan carne en los huesos
alimentándose del alma
de los ecos de la cueva,
de la espesa niebla que lo cubre todo
antes de despertar,
de las cartas de amor quemadas
por la sangre y las lágrimas,
de los que se bebieron las botellas
y se tragaron los mensajes,
de los manantiales de silencio entre
el hervidero de ruido,
de la locura de madrugada y la paciencia
de las teclas.

No dejan carne en los huesos
las
aves carroñeras.
No dejan carne en los huesos
arrancando la vida
de las flores,
los azulejos que cubren el paladar,
la histeria de la historia,
la amenaza del puño y el valor del grito,
el amasijo de sueños de los párpados cerrados.

No dejan carne en los huesos,
no,
lo devoran todo.
luego se van de nuevo
a volar en círculos
voraces
de otra presa.