2.4.13

Me atraganto.




No empieza ni acaba
transcurre con sol, sangre,
materia oscura.
Aquí el amor se evapora dejando
lagrimas mezcladas con sonrisas,
pintalabios derretido por el calor
que destrozó unas sábanas que ahora
no saben sentir.
Los vasos forman murallas para
castillos de naipes donde
solo se teme al viento
y sus uñas. Que son como las tuyas
barriendo
cada momento de respiración
para acelerar mi pulso.
Aquí no permitimos
luz intensa solo
la bruma que arrastra la realidad
y la esconde
debajo de la alfombra.
Queremos que funcione el mecanismo
hablando prohibido como camaleones
indecisos, tapamos rápido nuestras bocas
después de cada palabra
para que no nos encuentren
siguiendo nuestros susurros.
Y mientras se derrumban paredes de ladrillo, escayola, yeso, madera, hormigón
no mencionamos el futuro
resistimos los empujones
con impulsos,
deberías saber que no hay
nada más eléctrico que cuando
decides prestarme tu piel.
Para tus dedos los anillos
de Saturno y para tus labios
las aguas del deshielo de montañas
que jamás veremos
y debajo de tus tacones
solo
hay cimas.
Luego te vas por las ramas
y me dejas aquí hecho una madeja
deshilachada, sin tiempo para sentir la rabia
de los perros ni la independencia de los gatos
callejeros.
Y me subo a las
azoteas subterráneas para
bajar a cada orilla desierta de agua.
No hay comas ni puntos para separar
esta inconexión
afilada como espadas listas para
atravesar corazones.
Le quitas las anillas a las
granadas de mano
y yo me empeño
en seguir guardando
en los puños cerrados
trocitos de papel, acrílicos, cañerías, metralla.
Ahora te coses a mis páginas
y roes un poco
las cuatro esquinas.
Me lees las palabras con ojos
brillantes como ascuas al sol
y tu lengua es humo dulce
trazando espirales que no acaban
hasta rozar y dejar su escarcha
sobre mi frente.
Duermo sin
dormir sobre arena, lechos de ríos,
fondos marinos llenos
de restos de barcos que escaparon
de botellas como
mujeres que escaparon de sus vestidos.
No escapamos
como aquellos que empuñaron sus vidas
y las arrojaron al gentío
para que las devoraran a zarpazos
aquellas mentes diminutas
que no podían imaginar.
Como aquellos
que hicieron trizas sus nombres
y trajeron color, jungla, percusión.
Que no dispararon jamás
bayonetas o fusiles
solo se pusieron
enfrente de los tanques
con las miradas apuntando
a sus corazones de
casas para pájaros
y trompetas afinadas.
Que se rieron de los Jinetes del Apocalipsis
descorchando amaneceres
viendo animales, dioses
dónde solo había puntos de luz
lejanos.
Y aunque me cuesta
los ojos pensarlo
cada vez que nuestra dirección es opuesta
siempre imagino un andén.
Y resbalo sabiendo
que los caminos se bifurcan.
Y me parece agrío cada color y cada
nota de música dolorosa y cada palabra
como pequeñas gotas de fuego
que van por dentro.
Y se me graba en el esófago
la palabra negación y justo
debajo de mi lengua
tu nombre.
Y lanzo los sonetos por
cada desagüe y los pinceles
alimentan el fuego
de las chimeneas. 



Se desfigura el mundo
y
me atraganto yo.

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