20.3.13

El viento no acaricia.



Se desalojan las bocas
de palabras. Y cuando se vierten
las órdenes sonrío.
Hay un gato escondido y una
luciérnaga detrás de
cada uno de tus ojos. Lo sabe la
tela, el fuego y no
terminan nunca estas
cacerías por los desiertos.
Marzo es un continuo aguacero y
respiro como respiraba ayer.
Hay un soneto a medio
descongelar, una hoguera en
cada una de tus playas y el
constante temor
a abrir los ojos y que
no haya nada tras las cortinas. Sabe
el tigre lo mismo que el león, esta
alfombra se rompe la espalda y yo
me quedaría
tendido sobre el cristal
más de un milenio.
Escondería la llave de las cadenas en
un sitio fácil de memorizar.
Por mí
que el mundo se llene
de malas hierbas, que
haya silencio. No hay
remedio, ni antídoto, se
crearon las puertas
para estar dentro
o para estar fuera.
Lee en voz baja que
no sé qué día  será
mañana.
El sueño se apodera de mí
como si me atraparan
las ramas
de árboles vivos.
No son justas las miradas,
ni las frases, ni
las pinturas. No es
justo nada.
Los pájaros me arrinconan me
abren el pecho y
está casi vacío,
tan solo algodón y algo
como la llama
de una vela
amenazada por un huracán.

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